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Concepto de «mente abierta» desde la ciencia

Ivan Angulo Reyna 1555689793199
El enfoque de «mente abierta» es indispensable para una interpretación no sesgada en de la realidad. Desde la física cuántica hasta la sociología, este término posee una profundidad que es necesaria examinar.
Iván Angulo Reyna

MBA en Administración y Finanzas

Hemos escuchado asiduamente la locución «mente abierta» como una forma de incentivar la aceptación de perspectivas nuevas -usualmente extravagantes- de comportamientos «modernos» que van contra el tradicionalismo y las costumbres arraigadas en una sociedad. La libertad de género, el aborto, el feminismo, la cultura pop y punk y sus expresiones en la moda y el arte son ejemplos de estos comportamientos. Sin embargo, me produce incomodidad la forma como esta locución, este concepto trascendental, está siendo circunscrito exclusivamente a un ámbito de tendencias sociales y a cuestiones de forma. Poseer una «mente abierta» representa no sólo un sinónimo de tolerancia, sino un enfoque de criterios básico dentro de las ciencias y las disciplinas académicas al punto que si un investigador no lo aplica, se encontrará propenso a comprometer su investigación con sus propios sesgos, fallando en la interpretación de sus resultados e incluso en la elaboración de sus instrumentos.

Los sesgos son el enemigo de la ciencia desde la época de Gelileo, la carencia de una «mente abierta» a lo largo de la historia medieval nos ha llevado a guerras, a un estancamiento científico y a atrocidades como la muerte en la hoguera de Giordano Bruno, un astrónomo cuyas teorías reforzaron -superaron- el modelo copernicano que postulaba que los planetas orbitaban al rededor del sol. Es difícil y contraproducente hacer ciencia sin una «mente abierta», dado que limita la exploración y la interpretación del mundo. He estado repasando artículos de física cuántica donde se explican fenómenos que, desde nuestra experiencia convencional y cotidiana, nos resultarían profundamente contraintuitivos. Por ejemplo, la idea de que la luz posee propiedades de onda y de partícula o que el electrón no está en un punto dado sino un una función de probabilidades al rededor del núcleo y que puede aparecer en cualquiera de esos lugares.

Mencionaré otro ejemplo, ¿Sabías que la teoría de cuerdas implica la existencia de 11 dimensiones?; debes estar jalándote de los pelos porque si considerar una quinta dimensión era extravagante, como lo conceptualizan en las películas, 11 dimensiones ya nos parece ridículo. Sin embargo, tiene mucho sentido, ya que mientras más dimensiones existen, hay más flexibilidad para explicar la cosas. Considera lo siguiente, posees una panadería y quieres ver cómo van tus ventas, resulta que el primer mes has vendido 5 mil, el siguiente 6 mil, luego 7 mil y 8 mil; si deseas explicar -y predecir- dicho comportamiento sólo sería necesario graficarlo con barras y trazar una linea de tendencia, esa línea poseería 1 dimensión. Pero ¿Qué pasaría si en los siguientes meses bajan tus ventas?, es decir, obtienes 7 mil y 6 mil, en ese caso una línea no te bastaría, deberás graficar una curva, una función geométrica, y estarías utilizando 2 dimensiones. Imagina ahora que tus ventas vuelven a subir los siguientes meses hasta 8 mil para luego bajar a 6 mil, necesitas una curva que haga surcos constantes y eso sólo lo logras con una función de 3 dimensiones (o función polinómica de grado 3). ¿Qué pasa si hay picos, si en diciembre las ventas se incrementan a 10 mil? Necesitarías una función de 4 o 5 dimensiones y así sucesivamente depende del grado de complejidad del comportamiento que quieras describir matemáticamente. La cuestión es que mientras que las variables de nuestro ejemplo se miden en unidades monetarias, los físicos utilizan en su mayoría medidas de distancia que al ser exponenciadas se elevan a una «nueva dimensión». ¿No fue tan difícil enterdelo, no? La apertura mental no sólo permite entender cosas sino además, ayuda a explicarlas llanamente.

Poseer una «mente abierta» es indispensable para los negocios, especialmente si el segmento de mercado donde incursionarás posee una cultura diferente, la cual enmarca creencias, gustos y preferencias que difieren con tu apreciación de la realidad. El sistema de creencias de tu público objetivo determina la consideraciones estéticas de tu publicidad (los colores, las letras, diseños), la adopción de tu producto, la percepción de calidad, entre muchas otras cosas. Un ejemplo es la publicidad digital de empresas que buscan adaptarse a la cultura millenial. ¿Por qué las redes sociales están infestadas de memes y cómo las empresas los utilizan para maximizar sus ventas? ¿Por qué Entel promociona un noticiero conducido por gatos y árboles de navidad? ¿Cómo la publicidad feminista mejora la imagen corporativa y genera nuevos segmentos de mercado? ¿Cómo los códigos de lenguaje cambian en función de la edad y la ubicación geográfica?. ´

Ningún buen gerente o persona que persiga el éxito empresarial debe encasillarse en sus propios paradigmas, por el contrario deberá poseer una «mente abierta» para interpretar el comportamiento del mercado. En una época donde la globalización es un contexto ineluctable y donde es cada vez más frecuente cooperar y lidiar con personas de diferentes culturas, es necesario interpretar sus motivaciones y los mensajes que nos transmiten no desde nuestra propia perspectiva, sino desde la suya. Por más incómodo que nos parezca, nuestra mente debe ser suficientemente flexible -y resiliente- para adoptar momentáneamente otras realidades de forma que esclarezca nuestro entendimiento de un mundo complejo, que a simple vista parece irracional e incluso extravagante.

Esto sucede en la política, especialmente en países latinoamericanos, cuando nos preguntamos ¿Por qué siempre elegimos presidentes populistas, con antecedentes de corrupción y cultura deficiente? no lo entendemos porque nuestros criterios están circunscrito a nuestro contexto inmediato, a nuestros valores e incluso a nuestra propia racionalidad. Dicha respuesta no está en nosotros, está en las personas que los eligen, por lo cual debemos colocarnos en su mente, despojándonos de nuestras concepciones y adoptando sus carencias, su cultura, su estilo de vida y sus motivaciones. Dicho ejercicio mental es tan trascendente que incluso resulta difícil comunicarlo si el receptor no posee a su vez una «mente abierta».

La respuesta, desde mi análisis, es que existe una empatía recíproca en la ignorancia y el autoengaño, lo cual crea una zona de confort contraria al progreso. De la misma forma como se disfruta de compartir un café y hablar de experiencias e ideas que desafían nuestra cosmovisión del mundo, existen personas que disfrutan reunirse y reforzar su propio confinamiento mental, que disfrutan quejándose constantemente de la realidad sin presionarse a cambiarla, y que adoptan paradigmas ajenos para reforzar un sentido de pertenencia dentro de su círculo social y dentro del sistema de creencias impuesto por su contexto inmediato. En la mente de estas personas la reglas de juego cambian y lo que algunos de nosotros calificamos como bueno o malo, para ellos posee un sentido y una valoración distinta, que se aleja del plano racional hacia un convencionalismo local.

Un enfoque de «mente abierta» es indispensable en básicamente cualquier ciencia o disciplina, y se puede resumirse en la siguientes directrices: no resistirse al conocimiento, no encasillarnos en nuestras experiencias y abrazar la destrucción creativa. Esto implica abandonar el pensamiento de «trata a los demás como te gustaría que te traten» Puede que seas una persona muy afectiva pero si saludas con un abrazo en una reunión con ejecutivos japoneses, posiblemente se sientan incómodos. Esta consigna podría refrasearse de la siguiente manera «trata a los demás acorde a la forma cómo se interpretará el mensaje que quieres transmitir» y es que todo comportamiento expresa algo y es dicha expresión lo que finalmente trasciende en la otra persona, no el comportamiento per se. Si tu hermano te coge del cuello posiblemente lo esté haciendo para molestarte a manera de juego, sin embargo si una persona desconocida te coge del cuello en la calle entonces lo interpretas como una señal de peligro, produciéndote miedo, repulsión y enojo. La acción por si misma es insuficiente sin el contexto. La apertura mental es necesaria para entender el mundo más allá de las formas, más allá de los actos secos, más allá de las apariencias, es la forma más sensata de abrirnos a la complejidad y de desarrollar un pensamiento holístico que nos permita ver el bosque y no quedarnos atrapados en las ramas.