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La dicotomía de los modelos económicos

Ivan Angulo Reyna 1555689793199
Entender cómo se articula un modelo económico a través de la generación de valor es necesario para esclarecer los factores que han llevado al capitalismo a superar al socialismo como propuesta de modelo económico.
Iván Angulo Reyna

MBA en Administración y Finanzas

Hubo siempre una batalla dialéctica, dicotómica, antagónica entre los modelos económicos capitalistas y socialistas, la preguntas ¿Qué ha fallado en el modelo socialista? y ¿Qué está fallando en el actual modelo capitalista? curiosamente tienen la misma respuesta: nosotros. Cuando se habla de dichos modelos coloquialmente hacemos referencia a inclinaciones o preferencias de propuestas políticas pseudo-económicas, clasificándolas vagamente como «izquierda» o «derecha» pero la verdad es que estos modelos parten de escuelas económicas cuyo estudio se basa en un conjunto de reglas lógicas, cálculos, escenarios y supuestos que a la hora de articularlos poseen cohesión y sentido, llegando a formar parte de la teoría de la ciencia económica. Sin embargo la falla de estos modelos radica principalmente en los supuestos respecto al comportamiento de los individuos que los integran.

Para comparar estos modelos hay que partir por algo que cualquier país debe perseguir, indiferentemente del modelo económico por el que opte: la generación de valor; que actualmente se mide mediante el PBI y el PBI per cápita. Imagina lo siguiente, eres un agricultor y cosechas maíz, has labrado y fertilizado la tierra y como consecuencia ahora tienes maíz, ya has creado valor. Ese maíz irá a un molino y se convertirá en harina, ésta a su vez se irá a la panadería, harán pan que finalmente terminará en un rico emparedado: esto es una cadena de valor. Las construcciones, los restaurantes y las peluquerías generan valor, los servicios e intangibles como la seguridad, la limpieza, las vías de transporte y las comunicaciones generan valor dado que resuelven necesidades del mismo modo que un pan resuelve nuestro hambre. Este valor se puede potenciar. En la medida que exista educación, tecnología, trabajo y buena gestión, las personas aumentarán su capacidad de generar valor y el país se enrumbará en el crecimiento. Cabe señalar que actualmente las economías añaden valor de formas más intangibles mediante marcas, patentes, I+D e instrumentos financieros, además de poder expandirse globalmente. Este valor generado debería promediarse con el número de individuos que conforman el sistema, debiendo reflejar sus condiciones de calidad de vida dentro de un margen de dispersión aceptable que pueda asegurar políticas económicas perdurables evitando el malestar social.

Esto nos lleva a dos componentes más de cualquier modelo económico: la repartición de la riqueza y la sostenibilidad. En un escenario de desigualdad, si el grueso de la población no recibe los beneficios -en dinero o especie- del valor que generan con su trabajo entonces no podrán disponer de más y mejores productos que eleven su estándar de vida y por consiguiente presionen la generación de valor hacia nuevos niveles; en las economías capitalistas esto lo hace la demanda. Si antes el estándar era los TVs en blanco y negro y ahora se fabrican con pantalla plana los consumidores irán demandando a través de su poder de consumo cada vez características superiores, pero si la población no está empoderada entonces no podrá ejercer dicha presión positiva a las industrias locales. Es por ello que a mayor igualdad en un país, mayor es el impulso por generar valor y mayores las oportunidades de la población de invertir en salud, capacitación e infraestructura, haciéndose a su vez más productiva. En economías desiguales las carencias materiales e intelectuales del grueso de la población merman su desempeño económico y laboral, generándose malestares sociales y políticos que desincentivan la inversión privada, la iniciativa empresarial y la confianza en el Estado. Es por ello que los indicadores de desigualdad como la desviación estándar del PBI per cápita o los percentiles son importantes para comprender la salud de la economía de un país.

Los países compiten por general valor dentro y fuera de su territorio. Cabe señalar que el valor no es un componente intrínseco de los productos sino más bien una valoración respecto a la necesidad que logran satisfacer, y esto lo entendió mejor la escuela capitalista que la socialista. Puede que a todos nos gusten las manzanas en el desayuno y en la merienda, sin embargo si se producen más manzanas de lo que la población está dispuesta a consumir su valor unitario decaerá, por lo que los factores productivos destinados a las manzanas reducirán su eficiencia respecto a aquellos destinados a producir cereales, en el caso que la población necesite más cereales. Hasta este punto no hemos hablado de capital, mercado o dinero dado que la diferencia entre ambos modelos comienza aquí: el capitalismo pretende que el mercado dirija la asignación de los factores productivos y regule los bienes y servicios disponibles, y el socialismo pretende administrar los factores productivos racionalizando la oferta de productos, lo que se conoce como «economía de planificación central». Ambos modelos impulsaban la generación de valor desde adentro de sus industrias: la URSS a través de primas pagadas a los trabajadores que superaban la cuota fijada ya sea por calidad o cantidad, si la superaban en 10% se les duplicaba el sueldo y éste variaba según el rubro y la complejidad. El modelo capitalista dejaba la asignación de los sueldos al mercado los cuales variaban según el rubro, el puesto y la empresa. Todo bien hasta ahí, sin embargo el capitalismo tuvo tres componentes diferenciales a su favor: 1) El mercado es más eficiente y flexible en identificar necesidades y asignarles recursos 2) Fomenta la competencia incentivando la generación de valor 3) Aprovecha la ventaja comparativa mediante el comercio internacional. Como mencioné, el valor no es un componente intrínseco sino una valoración, si mi país produce manzanas muy ricas y mi vecino manzanas ácidas, puedo aumentar el valor generado simplemente vendiéndoselas a un mejor precio o por algo que yo necesite; el comercio internacional genera valor al hacer más eficiente el intercambio de productos y la satisfacción de necesidades.

El punto clave fue la competencia. Son muy interesantes las casuísticas que uno puede revisar sobre las transiciones económicas que muchos países han experimentado en donde se evidencia como la gran mayoría de empresas en escenarios de libre mercado tienden naturalmente a la competencia y a la mejora de sus productos. En Estados Unidos hubo sectores donde se aplicaba la planificación central, como en las aerolíneas. El estado disponía el precio y las condiciones del servicio, sin embargo las empresas aéreas comenzaron a buscar cualquier espacio dentro de estas condiciones para diferenciarse y competir hasta que finalmente se dieron cuenta que lo mejor era dejar que compitan libremente y fue cuando el servicio mejoró y los precios bajaron, desde entonces esta política de liberalización se ha situado como uno de los pilares de la economía americana. Por el lado contrario, en China durante el sanguinario régimen de Mao Zedong, a las industrias se les recompensaba por su producción hasta que el gobierno decidió que indiferentemente de lo que produzcan se les debía dar un pago y que los agricultores deberían ser los primeros en recibir la comida instaurando comedores populares en las granjas. Esto generó un sentimiento de flojera y desidia por lo que al año siguiente las cosechas se redujeron a la mitad y millones de personas murieron de hambruna. Estas situaciones demuestran dos extremos: el espíritu de superación individual en un escenario de libertad competitiva y por el contrario, la actitud colectiva de flojera y desidia ante una disposición constante e incondicional de recursos. El punto clave a favor del capitalismo es haber logrado incentivar y usufructuar los instintos más enérgicos – y no por ello menos egoístas- del hombre.

Entonces, si en el ser humano el instinto de superación surgiera de forma espontánea e inmotivada y la presión de la competencia y la recompensa no fueran factores detonantes del esfuerzo y la innovación, entonces el socialismo hubiera surgido como el modelo más coherente e igualitario en la práctica, sin embargo este no es el caso y nuestra naturaleza egoísta supone un modelo diferente, más cercano al capitalismo. Sin embargo el capitalismo aún incorpora errores en sus supuestos teóricos, es por ello que la forma cómo se analiza los fenómenos económicos no es puramente formal sino mediante un enfoque estadístico como la econometría, que indistintamente de si la decisión económica es de «izquierda» o «derecha» da como resultado una dispersión de datos de los cuales puede extraerse una tendencia con su respectiva distribución de probabilidad. Con estos nuevos enfoque cuantitativos nos alejamos de los dogmas, de los supuestos, de las afinidades políticas y nos aproximamos a un entendimiento científico de los fenómenos económicos que, incluso, trasciende al propio modelo.