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Retos de la evaluación de inversiones en el Perú

Ivan Angulo Reyna 1555689793199
La evaluación de inversiones es una herramienta fundamental para mitigar el riesgo, asumiendo un marco de criterios para las decisiones financieras. Sin embargo existen consideraciones que un inversionista debe tomar para saber cómo invertir en empresas peruanas.
Iván Angulo Reyna

MBA en Administración y Finanzas

La evaluación de inversiones es la utilización de herramientas, métodos y criterios para juzgar la rentabilidad y el riesgo de una inversión, entre otros factores. Una inversión es el sacrificio de los recursos actuales para destinarlos a actividades que generen un retorno futuro marginal. En el sentido amplio todos evaluamos la inversión que hacemos de nuestros recursos –tiempo, dinero, conocimiento– para decidir a qué actividades conviene destinarlos a lo largo de nuestra vida, sin embargo, en la disciplina financiera, el concepto de inversión implica movimientos de capital de mediano o largo plazo mediante el uso de instrumentos financieros entre un actor –persona o empresa– con excedentes de capital y otro con necesidades de capital; creándose así un mercado. El inversionista busca constantemente opciones de inversión atractivas dónde rentabilizar y por el otro lado, las empresas con necesidades de capital buscan fondos para incrementar sus operaciones con el fin de obtener una rentabilidad por acción superior al costo del capital obtenido.

Esta dinámica entre los inversionistas y las empresas es compleja y muchas veces los métodos de evaluación de inversiones resultan insuficientes para abordar dicha complejidad y revelar la situación real y los aspectos críticos de las empresas. La evaluación de inversiones por constituir una herramienta no posee aspectos negativos en sí, ya que siempre es preferible evaluar a no evaluar, sin embargo, sí existen aspectos negativos propios del método y de los criterios de evaluación que le restan representatividad y conducen a decisiones erróneas. Estas falencias de la evaluación de inversiones crean una brecha entre los indicadores calculados y el potencial real de las empresas para generar rentabilidad, incrementando el riesgo y la dispersión de los resultados. Esto se evidencia en preguntas clave que resultan difíciles de dilucidar para el inversionista y que no son contempladas en los métodos de evaluación más usados.

¿Cuánto vale una empresa? ¿Qué le da valor a una empresa? La ciudad de San Francisco en California es la sede de las innovaciones tecnológicas más importantes del mundo, en donde la mayoría de StartUps empiezan rentando una casa en algún barrio con apariencia de pueblo, la cual implementan como oficina para trabajar al menos catorce horas diarias durante los próximos meses. Estas empresas en determinado momento levantan capital cuando los fundadores venden parte de su participación accionaria a inversionistas en base a una valorización. Un ejemplo, entre muchos, es Snap Inc, una empresa fundada en un apartamento por dos estudiantes de Stanford en abril del 2011 que, diecinueve meses después, obtuvo USD$ 485.000 de capital semilla de Lightspeed Ventures a cambio de 8.6% de participación. Snap Inc, gracias a su red social Snapchat, llegó en marzo del 2017 a una valorización de USD$ 2.4 billones, lo cual significó para Lightspeed Ventures una rentabilidad extraordinaria por acción.

El valor futuro de una empresa está ligada a su potencial de crecimiento y uno de los retos más importantes para los inversionistas es anticiparse a dicho crecimiento, el cual está condicionado a diversos factores de mercado y a la escalabilidad del modelo de negocio. Los métodos más populares para estimar el valor de la empresa son el método scorecard –diferente al balanced scorecard– que consiste simplemente en la ponderación y calificación de factores de éxito en una tabla de doble entrada. También se utiliza el método Venture Capital el cual busca determinar el valor actual de una empresa utilizando las métricas de la industria para estimar su crecimiento en un periodo de tiempo –usualmente 4 a 7 años– y obtener un valor final sobre el cual calcular el ROI.

Sin embargo, las brechas de información entre el inversionista y la empresa distorsionan la fiabilidad de dichos métodos, surgiendo preguntas que ameritan un análisis más profundo de la sinergia, el talento humano y los sistemas blandos de la empresa. ¿El modelo de negocio puede soportar los niveles de crecimiento? ¿Cuál es el scope del proyecto? ¿El producto es fácilmente reemplazable? ¿Cuál es la cultura corporativa? ¿Se evidencia el planeamiento estratégico? ¿La empresa depende de una o dos personas clave? ¿Existen problemas personales? ¿Cómo se organiza el trabajo? ¿Cuál es la ambición de los fundadores y/o del CEO? Todas estas cuestiones inciden en el desempeño de la empresa y en el valor futuro de sus acciones. Un ejemplo fue la renuncia del cofundador y CEO de GitHub, Chris Wanstrath, por denuncias de acoso laboral, lo cual originó una caída en el valor de su empresa la cual fue posteriormente adquirida por Microsoft en USD$ 7.5 billones. Estos escenarios que involucran cuestiones éticas resultan incómodos para los inversionistas los cuales prefieren desligarse haciendo que el precio de las acciones se desplome. Estos escenarios son aquellos que escapan a los métodos convencionales de evaluación de inversiones, es por ello que los inversionistas buscan opciones de inversión dentro de sus círculos más cercanos donde la confianza se convierte en un criterio decisivo dado que reduce la percepción de riesgo.

En el Perú la brecha entre el inversionista y las empresas es pronunciada, especialmente para empresas de rubros no tradicionales. Según el CONCYTEC el Perú destina sólo el 0.12% del PBI en innovación y según Francis Gurry, director de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) el Perú ocupa el último lugar en innovación dentro de la Alianza del Pacífico. Según cifras del BID para el 2017, nuestro país destina la décima parte de lo que países como Chile destinan a innovación. Esto resulta en opciones de inversión tradicionales que poseen una curva de crecimiento lenta dentro de un mercado altamente competitivo con amenaza de productos sustitutos y que además otorgan una TIR moderada que muchas veces no compensa el riesgo. Esto también acostumbra a los inversionistas y a los ejecutivos de banca a dicha coyuntura empresarial, cayendo en una perspectiva errada en donde la innovación es considerada un factor de alto riesgo, especialmente en el rubro tecnológico. ¿Cuál es la perspectiva de un inversionista peruano ante una StartUp que posee pocos activos tangibles y un producto en desarrollo? ¿Cómo evalúa el valor de una empresa previamente a su salida al mercado cuando el producto no posee referentes locales en la industria? Estas preguntas suponen un reto para los métodos de evaluación de inversiones y e inciden negativamente en el riesgo percibido por el inversionista.

Otro aspecto negativo que distorsiona la evaluación de inversiones es el poco sinceramiento de las proyecciones comerciales. Los empresarios peruanos son poco metódicos y se enfocan más en construir proyecciones que calcen con su ambición en vez de buscar aproximarse a la realidad del mercado. Esto se puede observar en la deficiente calidad de las investigaciones de mercado que carecen de una validación estadística como una prueba de hipótesis y que además plasman un sesgo en la formulación de las preguntas y en la metodología de muestreo, acarreando errores tipo I. Existen empresas en el Perú que realizan estudios de mercado con una metodología sólida e insesgada, pero cuyos servicios sólo son accesibles a grandes negocios dado su elevado costo. Es por ello que la mayoría de StartUps y MyPes en el Perú realizan sus estudios de mercado dentro de sus propios equipos de marketing –contratando a veces practicantes para llevarlos a cabo– los cuales están sometidos a una presión tácita por llevar resultados favorables a las gerencias. Esto distorsiona los ingresos proyectados de la empresa por sobre los reales lo que se traduce en problemas futuros de liquidez y rotación de inventarios.

Otro aspecto negativo es la deficiente capacidad de gestión del empresario peruano cuando la empresa llega a niveles altos de operación, dado que es ahí donde se pone a prueba la escalabilidad de los procesos del negocio y del correcto manejo de la información. Muchas MyPes poseen un umbral de crecimiento sobre el cual están obligadas a rediseñar sus procesos para adaptarse a mayores niveles de operación y esto muchas veces no se plasma correctamente en las proyecciones financieras. Un mayor crecimiento implica la adopción de herramientas informáticas y métodos de gestión cuantitativos que lidien con la creciente complejidad de la empresa, y el empresario peruano debe estar preparado y capacitado para utilizarlos. Un estudio realizado por el INEI en el 2015 sobre el uso de TICs en las empresas nos revela que 65.3% utiliza software de gestión de las cuales sólo 10.9% desarrolla su propio software. Sin embargo, un estudio realizado por The Software Alliance (BSA) indica que al 2018 el 62% de empresas en el Perú utiliza software ilegal, siendo éste en su mayoría ofimático. Esto abre otra brecha entre el inversionista y la empresa ¿Cómo evaluar la gestión de una empresa si la información no se procesa adecuadamente? ¿Cómo anticiparse a los escenarios si la empresa no posee herramientas de analítica ni la data para extraer el comportamiento de sus costos, la estacionalidad y el impacto de factores externos? La escasa incorporación de herramientas de analítica y bigdata en las empresas acrecienta el riesgo percibido por el inversionista y hace que la evaluación de inversiones pierda significancia.

La poca representatividad de los estados financieros elaborados por las áreas contables es otro aspecto negativo que complica la evaluación de inversiones. El contador clasifica las operaciones contables según el principio de devengado en las cuentas que más le convenga tributariamente a la empresa hasta donde le permita la legislación contable. Sin embargo, en casos como en el cálculo de la depreciación, el desmedro, la provisión de fondos, la valorización de inventarios y activos, el valor de rescate, la valoración de intangibles y las pérdidas de operación; el valor contable de las cuentas no concuerda con la realidad. Esto resulta un problema para las empresas de rubros no tradicionales como el desarrollo de software cuyos productos se distribuyen globalmente sin un inventario físico, pero poseen patentes y activos intangibles cuya valorización es compleja y se rige por las necesidades del mercado. El mercado juega un papel definitivo en la valorización de los activos de la empresa ¿Cuánto vale un producto que nadie desea comprar? En el Perú, la cultura de informalidad en las MyPes agrava este escenario dado que existen gastos que no poseen documentos sustentatorios haciendo imposible su registro en los libros contables según la legislación actual. En países como EEUU todos los servicios emiten un comprobante válido y la evasión tributaria está fuertemente castigada, por otro lado, en nuestro país muchos empresarios compran suministros y repuestos baratos en los mercados informales y si necesitan servicios pequeños como limpieza, pintura o handling por pocos días, no exigen un recibo por honorarios. Esto hace que el contador deba alterar las cuentas contables a conveniencia dando como resultado estados financieros que no muestran la situación real de la empresa a los inversionistas o a los ejecutivos de banca, lo que conlleva a evaluaciones erróneas.

Todo esto crea un ambiente de desconfianza ante los inversionistas y hace que los indicadores clásicos para la evaluación de inversiones como el Valor Actual Neto (VAN), la Tasa Interna de Retorno (TIR), el Periodo de Recuperación de Capital (PRC) y el Índice de Rentabilidad (IR) sean poco fiables, haciendo que la divergencia entre los indicadores calculados y el resultado real de la inversión en el futuro, sea mayor al riesgo que el inversionista está dispuesto a aceptar. Esto incrementa nuevamente la brecha entre los inversionistas y las empresas con necesidades de capital. Al existir diversos aspectos que influyen negativamente en el nivel de certeza de la evaluación de inversiones ¿Bajo qué criterios deberá guiarse un inversionista? Éste debe desarrollar una agudeza para discernir oportunidades de negocio, así como para conocer las motivaciones y habilidades de las personas que lo gestionan. Nuevamente la confianza es un criterio decisivo y, a diferencia de San Francisco donde existen diversas firmas de capital semilla y es posible cruzarse casualmente con algún inversionista y realizar un elevator speech con la posibilidad de levantar inversión, en Perú la realidad es muy distinta y la mayoría de inversionistas se desplazan en círculos sociales muy cerrados en donde sólo contadas iniciativas empresariales tienen acceso.

Esto crea una fricción y una asimetría de información en el mercado de capital semilla en el Perú, dado que los inversores desconocen las alternativas de inversión disponibles y las empresas pequeñas poseen limitado acceso al financiamiento directo y a un mercado de inversión donde vender sus acciones. Esto deriva en malas decisiones de inversión como aquellas motivadas por compadrazgo a empresas familiares gestionadas por personas que llegaron a puestos directivos por favores más que por habilidades. Esto produce además un desequilibrio de mercado en la valorización de las empresas que compiten por obtener capital produciéndose en algunos casos elefantes blancos y por otro lado empresas de productos innovadores con limitado poder de negociación en las rondas de financiamiento. Este contexto impide una certera evaluación de las opciones de inversión dado que no se cuenta con información suficiente acerca de empresas que posean propuestas de valor similares que resultarán en productos sustitutos o que ya han validado la rentabilidad de dicho modelo de negocio en el mercado. Esta asimetría constituye un riesgo implícito en la evaluación de inversiones.

Finalmente, un aspecto negativo de la evaluación de inversiones es la dificultad en la cuantificación del riesgo, que deviene de un análisis de escenarios construidos en base a la estimación probabilística de supuestos que omiten muchas otras variables que, en mayor o menor medida, impactan en el rendimiento obtenido a futuro. La validación de estos supuestos implica a su vez una inversión en estudios de mercado, en estudios técnicos de factibilidad, en métodos de costeo precisos y en tecnología sólo para validar el plan de negocios, lo cual resulta poco conveniente. La realidad es que nuestras decisiones enfrentan un horizonte de racionalidad limitada, como propone Herbert A. Simon, nunca podemos conocer a detalle las variables que influirán en el resultado de nuestras decisiones, ya sean de inversión o emprendimiento, siempre existirá una distorsión entre nuestros modelos ideales y los resultados obtenidos en la realidad. La evaluación de inversiones si bien la constituyen herramientas cuantitativas, siempre habrá un carácter cualitativo que incline los indicadores hacia un escenario más favorable o desfavorable. Esta complejidad que implica la cuantificación del riesgo no sólo es propia de la evaluación de inversiones, sino que es inherente a cualquier decisión humana y es allí donde la experiencia, el criterio y el conocimiento juegan un papel importante.